Las 10 mejores cosas que ver en Chefchaouen
Tras escuchar tantas veces, de tantos amigos viajeros, las muchas bonitas cosas que ver en Chefchaouen, por fin realicé una escapada a esa bella localidad del norte de Marruecos. Y tenían razón, incluso superando mis expectativas.
En el norte de Marruecos, escondida entre las montañas del Rif, se encuentra una de las ciudades más fotogénicas del mundo: Chefchaouen. Conocida como la “ciudad azul”, Chaouen – como la llama la gente local – seduce a los viajeros por la intensidad de sus colores, la calma de sus calles y su aire casi onírico. Caminar por su medina es perderse en un laberinto de callejones donde cada rincón parece diseñado para la fotografía, pero también para la contemplación.
Fundada en el siglo XV por judíos y musulmanes que huían de la península ibérica, Chefchaouen conserva un carácter profundamente histórico, mezclado con influencias andalusíes que aún se perciben en su arquitectura y estilo de vida. Pero más allá de su estética, este lugar ofrece mucho más: miradores, cascadas, rutas de senderismo y una cultura local que nos invita a no tener prisa.
Como tenía ganas de dejarme llevar y desconectar, lo cierto es que antes de viajar no miré nada sobre las mejores cosas que hacer en Chefchaouen, pero tras regresar os dejo esta información para los amantes de la planificación.
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1. La medina

Sin duda alguna, el mejor lugar que ver en Chefchouen es su medina.
Es el alma de la ciudad y el motivo principal por el que tantos viajeros llegan hasta aquí. No es especialmente grande, pero su trazado irregular y laberíntico hace que cada paseo sea distinto. Las casas, pintadas en diferentes tonalidades de azul – desde el celeste más suave hasta el índigo profundo – crean una atmósfera casi hipnótica.
Caminar por sus calles es una experiencia sensorial completa. A cada paso aparecen detalles que llaman la atención: puertas de madera tallada, escaleras decoradas con macetas, textiles colgando de las fachadas o pequeños rincones donde la luz se filtra de manera casi cinematográfica. La sensación es la de estar dentro de un decorado cuidadosamente diseñado, aunque en realidad es un espacio completamente vivo.
Yo me alojé en ella y me encantó vagabundear cada día por sus calles. Lo mejor que puedes hacer es alejarte de las que están repletas de tiendas – salvo que quieras comprar algo – y perderte por la zona más residencial, donde te cruzarás con gente humilde y hospitalaria que siempre te ofrecerá una sonrisa.
2. Plaza Uta el-Hammam

En el corazón de la medina se abre la Plaza Uta el-Hammam, el verdadero centro social de Chefchaouen. Este espacio es el punto de encuentro por excelencia, tanto para locales como para viajeros, y ofrece una perspectiva diferente del ritmo de la ciudad.
Durante el día, la plaza tiene un ambiente relajado, con algunos turistas paseando de aquí para allá mientras algunos vendederos de objetos y tours intentan captar su atención. Las terrazas de las cafeterías y restaurantes que dan a la plaza se llenan de gente tomando té a la menta o degustando platos tradicionales, mientras el sol ilumina las fachadas en tonos tierra de la Kasbah, que contrastan con el azul dominante del resto de la ciudad. Es un buen lugar para hacer una pausa y sentarte a observar la vida pasar.
Dónde dormir en Chefchaouen
Si buscas alojamiento en Chefachouen, te recomiendo que te quedes en la medina. Yo elegí: el Dar Bleu Pearl. Se trata de un pequeño hotel con habitaciones limpias y sencillas, con baño propio. Está situado a menos de 1 minuto a pie de una de las puertas de la medina (en la parte de dentro). El personal es muy amable y conseguirás una excelente relación calidad-precio. Si no te acaba de convencer, seguro que encuentras tu lugar ideal donde dormir en Chefchaouen aquí y sin aumento de precio:
Por la tarde, el ambiente cambia progresivamente. A medida que cae el sol, la plaza se anima con músicos callejeros, familias que salen a pasear y algunos viajeros que regresan de sus excursione
Si estás organizando tu viaje y te preguntas qué ver en Chefchaouen, este lugar no puede faltar, ya que actúa como punto de referencia para explorar el resto de la medina.
3. La Kasbah

Justo en uno de los lados de la plaza se encuentra la Kasbah, una fortaleza histórica que data del siglo XV. Este edificio, con sus muros rojizos y su aire sobrio, contrasta con la estética azul de la ciudad, lo que lo convierte en un interesante lugar que visitar en Chefchaouen.
Al entrar en la Kasbah (hay que pagar una entrada de unos 8 euros), el ambiente cambia completamente. El bullicio de la plaza queda atrás para acceder a un espacio más tranquilo, con jardines cuidados donde predominan los árboles frutales y las plantas aromáticas. Es un lugar ideal para descansar y disfrutar de un momento de calma.
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En el interior también hay un pequeño museo etnográfico que ayuda a comprender la historia de Chefchaouen y de la región del Rif. Aunque no es especialmente grande, te ofrecerá un buen contexto sobre las raíces andalusíes de la ciudad y su evolución a lo largo del tiempo.
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Otro de los grandes atractivos de la Kasbah es la posibilidad de subir a su torre. Desde lo alto, tendrás una gran vista panorámica de la medina y de las montañas que la rodean, aunque luego te hablaré de otros miradores increíbles que ver en Chefchaouen.
4. La Gran Mezquita
La Gran Mezquita es uno de los edificios más emblemáticos de Chefchaouen, aunque no pude visitar su interior, ya que solo puedes entrar si profesas el islam. Aun así, merece la pena acercarse para observar su arquitectura y su importancia dentro del tejido urbano.
Lo más llamativo es su minarete de base octogonal, una característica poco habitual en Marruecos, donde predominan las formas cuadradas. Este detalle arquitectónico la convierte en una construcción singular dentro del país. Situada también cerca de la plaza Uta el-Hammam, la mezquita forma parte del paisaje cotidiano que ver en Chefchaouen. Al visitar la ciudad durante el Ramadán, tuve la fortuna de sentir la sobrecogedora llamada a la oración, cerca de las 6.30, para todos los que ya están deseando poder probar bocado tras estar en ayunas desde la salida del Sol.
5. Mercados de Chefchaouen

Como en tantas ciudades marroquíes, los mercados y mercadillos se encuentran entre los lugares más interesantes que ver en Chefchaouen.
Dentro de la medina encontré un sinfín de pequeñas tiendas, más enfocadas al turista, en las que venden cerámicas, imanes de nevera, complementos, mantas, alfombras, bisutería, acuarelas y otros muchos souvenirs que muchos deciden llevarse a casa.
Sin embargo, también me di muchas vueltas por la ciudad que se extiende más allá de las murallas de la medina. Allí encontré otro tipo de mercados donde vendían deliciosos panes redondos recién hechos, carnes, pescados, frutas, telas, baratijas y todo tipo de artefactos usados en los hogares. Este tipo de bulliciosos lugares son perfectos para mezclarte con la gente local y observar su día a día.
Además, si no quieres cenar fuera, puedes comprarte algo para tomarte tranquilo en cualquier lugar.
6. Callejón El Asri

Entre los muchos rincones fotogénicos de la medina, el callejón El Asri destaca como uno de los más icónicos. Sus escaleras, pintadas en tonos azules y decoradas con macetas, han dado la vuelta al mundo en fotografías y redes sociales.
Sin embargo, más allá de su fama, este lugar resume perfectamente la estética de Chefchaouen. La combinación de colores, texturas y elementos decorativos crea una escena armoniosa que parece pensada al detalle.
Visitarlo a primera hora de la mañana o al final del día permite disfrutarlo con menos gente y apreciar mejor su belleza. Es uno de esos lugares donde detenerse, observar y entender por qué la ciudad tiene un magnetismo tan especial.
7. Ras El Ma

Nada más llegar a Chefchaouen me embarqué en esta pequeña excursión en la que me alejé del centro y me acerqué a las aguas del río Ras el-Ma en mi camino hacia la Mezquita Española y las montañas que se extendían más allá de ella.
A pocos minutos caminando desde la medina se encuentra Ras el-Ma, un pequeño manantial que trae el agua de las montañas del Rif a la ciudad. Este lugar tiene un carácter muy local y ofrece una experiencia diferente a la del centro histórico. Aquí es habitual ver a vecinos lavando ropa (hay antiguos lavaderos habilitados para ello), charlando o simplemente disfrutando del frescor del agua. El sonido constante del río crea una atmósfera relajante que te invita a quedarte un rato.
Además, este lugar marca el inicio de varias rutas hacia la montaña, por lo que es un punto de transición entre la ciudad y el paisaje. Un pequeño sendero pica hacia arriba. En la base del mismo encontrarás a varios artistas dibujando cuadros que muestran la azul medina de Chefchaouen. Una bella manera de comenzar el paseo hacia los miradores y las montañas del Rif. Siguiendo esa ruta podrás alejarte de la ciudad todo lo que desees.
La mayoría de los turistas solían acabar su aventura en el mirador de la Mezquita Española, pero, si te gusta la naturaleza, te recomiendo que sigas el camino de tierra que deja la mezquita a tu derecha y te internes en las cercanas colinas y los verdes campos.
Si buscas qué visitar en Chefchaouen más allá de lo urbano, este lugar es perfecto.
8. Mirador de la Mezquita Española

Y, como te comentaba en el punto anterior, uno de los momentos más memorables de cualquier visita a Chefchaouen es la subida al mirador de la Mezquita Española para admirar el atardecer. El camino, aunque algo empinado, es accesible y merece completamente la pena.
Desde la cima, la vista es espectacular. La ciudad se extiende en tonos azules entre las montañas, creando un contraste visual muy potente. Es la mejor forma de apreciar cómo se integra Chefchaouen en la naturaleza que la rodea.
Al atardecer, la luz dorada transforma los colores de la ciudad y crea una escena que, en mi caso, se complementó a la perfección con el canto de la llamada a la oración. Resultó aún más especial por encontrarme en Ramadán.
9. Cascadas de Akchour
A unos 30 kilómetros de Chefchaouen se encuentran las cascadas de Akchour, uno de los parajes naturales más impresionantes del norte de Marruecos. Situadas dentro del Parque Nacional de Talassemtane, la excursión a las cascadas es ideal para complementar la visita a la ciudad.
Se llega a ellas a través de una ruta de senderismo que discurre por paisajes de gran belleza, con ríos, puentes y zonas boscosas. El recorrido es parte de la experiencia, ya que te permite descubrir una faceta más salvaje de la región. Al llegar a las cascadas, el esfuerzo se ve completamente recompensado. El agua cae entre las rocas formando piscinas naturales donde imagino que la gente se baña en los meses más cálidos (en marzo, ni se me pasó por la cabeza).
Si estás valorando qué hacer en Chefchaouen durante varios días, esta excursión organizada a Akchour es una de las mejores opciones.
10. Ramadán en Chefchaouen

Es la tercera vez que viajo a un país musulmán durante el mes de Ramadán y, aunque tiene sus pros y sus contras, te lo recomiendo encarecidamente. Es cierto que hay muchos comercios, restaurantes e incluso bancos cerrados, y el ritmo diurno es casi nulo. Sin embargo, al caer la noche todo se llena de vida y la hospitalidad de los marroquíes – ya de por sí una de sus grande joyas – se multiplica exponencialmente.
En mi caso, tuve la fortuna de poder disfrutar de una cena de Ramadán en la casa de un pastor que habitaba con su familia en la medina de Chefchaouen.
Me encontré con él por casualidad, mientras hacía una improvisada ruta de senderismo que seguía el curso del Ras el-Ma hacia el interior de las montañas. Se metió una niebla densa y fría y decidí regresar ante la posibilidad de que descargarse la tormenta que anunciaba el parte meteorológico de la mañana.
Fue en ese momento cuando me encontré con Rachid, que estaba regresando a su cabaña de piedra con sus cabras tras un día de pastoreo por la zona. Su español – aprendido de memoria y sin estudiar ningún tipo de gramática – era suficiente como para establecer una conversación. Nos caímos bien desde el primer minuto. Tras un par de horas conversando en su cabaña – y tras enseñarme sus cabras, gallinas, perros y gatos -, me invitó a bajar a la medina con él, donde vivía su familia.
Esa fue mi mejor experiencia en Chefachaouen. La cena casera estuvo exquisita – harira, samosas, sardinas, calabacín frito, zumo natural de aguacate con manzana, naranja y plátano, rollitos de hojaldre rellenos de queso y mucho más (incluyendo riquísimos dulces) -, pero lo más maravilloso fue cómo me trataron Rachid, su mujer – Nadia – y sus hijos (Ikram y Karim). Me hicieron sentir como uno más de la familia.
Y es que aunque son muchas, y muy bellas, las cosas que ver en Chefachaouen, lo que verdaderamente hace que recuerdes los viajes es las personas que vas encontrando en ellos.
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