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15 Curiosidades del monasterio de San Plácido en Madrid

En pleno centro de Madrid, en el barrio de Malasaña, hay escondida una joya del barroco madrileño que poca gente conoce. Es el monasterio de San Plácido. Y tan desconocido es que nosotros, que vivimos a menos de cinco minutos a pie, ni sabíamos de su existencia hasta hace unas semanas. Sabíamos que había un edificio histórico –uno más del barrio–, pero no que fuera un convento. Dos son los motivos por los que no te deberías perderte la visita al monasterio de San Plácido: las obras de arte que hay en su interior y conocer todo lo que pasó en él, hechos “muy poco religiosos”, todo hay que decirlo… Te vamos a contar unas cuantas curiosidades del monasterio de San Plácido en Madrid.

Monasterio de San Placido Madrid Fachada Salto
Saltando en la entrada a la iglesia de San Plácido

Desde una de la mayor colección de obras de Claudio Coello hasta los escarceos amorosos de Felipe IV, pasando por posesiones demoníacas, frescos de Francisco Rizzi, toques de difuntos o el Cristo de Velázquez… la visita a la iglesia de San Plácido es un no parar de sorpresas y curiosidades. Si hasta se pensó que Velázquez estaba enterrado allí junto a su esposa.

¿Quieres más motivos para visitarlo? La solidaridad. El dinero que se recauda con las entradas y visitas guiadas se utiliza para sufragar la comida de la Hermandad del Refugio. Aprenderás, te sorprenderás y ayudarás, la visita al monasterio de San Plácido es un combo perfecto.

Mejor monja que esposa

A principios del siglo XVII, doña Teresa del Valle y de la Cerda se comprometió con don Jerónimo de Villanueva, protonotario de Aragón y mano derecha del conde-duque de Olivares. No parecía mal casamiento, siendo el novio la tercera persona más importante del reino –por detrás del rey y del conde-duque–. Aún así, la novia decidió que no se quería casar, que quería ser monja…

Don Jerónimo aceptó con deportividad su derrota ante Dios y, además de hacer voto de castidad, ayudó a su exprometida en la construcción de un convento. Hacerse monja sí, pero en su convento y en el centro de Madrid.

Monasterio de San Placido Madrid Fachada EscudosMonasterio de San Placido Madrid Fachada Escudos
Escudos de Villanueva en la fachada del monasterio, ayudando… pero que se vea

Así, en 1624, comienzan las obras de construcción del monasterio de San Plácido.

Diga 33

El monasterio de San Plácido se fundó siguiendo la orden de San Benito, es un monasterio benidictino. Según nos contó el guía, el número máximo de monjas que podían formar parte del monasterio era de 33, como en los de las Descalzas Reales y en el de los Jerónimos.

¿Sabías que…?


Si creías que la diferencia entre monasterio y convento se debía que en el primero había monjes y en el segundo monjas, es decir, monasterio de hombres y convento de mujeres, estabas en un error. En ambos puede haber monjes y monjas. La diferencia es que los monasterios suelen levantarse en sitios especiales –alejados de las ciudades– y sus miembros se dedican al estudio y al cultivo. Los conventos, en cambio, se encuentran dentro de las ciudades y su misión es ayudar a las poblaciones. Sí, a pesar de que su nombre oficial es monasterio de San Plácido, es un convento.

La calle de San Roque

La entrada a la iglesia de San Plácido está en la calle de San Roque, una perpendicular a la calle del Pez y paralela a la calle de la Madera –donde da la otra fachada del edificio–. El convento fue bendecido el día de San Roque del año 1624. En conmemoración del santo, las hermanas colocaron un cuadro de San Roque en la fachada lateral y la calle acabó tomando ese nombre.

¿Sabías que…?


Nuestro guía nos contó que por la calle del Pez corría antiguamente un pequeño arroyo en el que vivían muchos peces. Con el tiempo, los peces fueron desapareciendo hasta que solo quedó uno que era cuidado por una niña que vivía en la calle. La fama del pez acabó por ser indicación suficiente para llegar a la calle, que acabó por llamarse calle del Pez.

La Inquisición y San Plácido

Antes de que se construyera la iglesia –a mediados del siglo XVII–, la Santa Inquisición tuvo un primer encuentro con el monasterio de San Plácido.

Los vecinos de la calle de San Roque oían gritos de histerismo y pensaron que las monjas estaban endemoniadas. Se abrió un proceso inquisitorial y se determinó que no había demonios involucrados… sino contactos poco decorosos. El Santo Tribunal llegó a la conclusión de que el padre Francisco García Calderón había pervertido a las hermanas convenciéndolas de que tenían el alma tan perfecta que podían darse a placeres terrenales sin pecar. Era un miembro de la secta de los alumbrados con gran facilidad de palabra y, según algunas fuentes, habilidad con las drogas, que convirtió el convento en su harén personal.

El resultado del proceso fue reclusión de por vida en un convento, con voto de silencio y otros castigos, para el padre Francisco García Calderón. Se “salvó” de la hoguera porque admitió que lo había hecho todo por su placer y no por formar parte de la secta de los alumbrados. En cuanto a las monjas, 24 de ellas –solo se salvaron las más ancianas que no interesaron al padre– fueron recluidas en Toledo. Poco a poco fueron liberadas. La abadesa, que también fue condenada, volvió a San Plácido cuatro años después, gracias a Villanueva y al conde-duque de Olivares.

Sor Margarita y su muerte fingida

Aunque Villanueva también había sido investigado por la Inquisición en el proceso anterior, fue declarado inocente de todo cargo. Así, siguió visitando el monasterio de San Plácido como benefactor con frecuencia. De hecho, un túnel desde el sótano de su casa llegaba hasta la carbonera del convento…

El caso es que, en una de sus visitas, se encontró con sor Margarita. Una novicia de una belleza excepcional. Decidió que Felipe IV tenía que verla –la fama de mujeriego del rey no era cosa de broma, tuvo ¡30 hijos ilegítimos!– y organizó la visita del monarca disfrazado. Felipe IV también quedó prendado y repitió las visitas.

Sor Margarita se enteró de que el rey iba a ir a “visitarla” por la noche –por el túnel de marras– y, asustada, avisó a la madre superiora. ¿Cómo evitar los deseos del rey? Pues colocando un féretro en la habitación de la novicia con ella dentro y diciendo que había caído por las escaleras y había muerto. Cuando Villanueva informó al rey, ya en el sótano del convento, este abortó misión y salió corriendo.

¿Sabías que…?


Tanto se comentó la visita del rey, que la Santa Inquisición tomó cartas en el asunto. No podía procesar a Felipe IV, pero lo intentó, de nuevo, con Villanueva. Una vez más, gracias a sus contactos, todo acabó en un simulacro de juicio. La condena, que ya estaba amañada, consistió en un año de ayuno, prohibirle la entrada al convento y el contacto con las monjas y dar dos mil ducados de limosna.

El Cristo de Velázquez y el perdón

Para hacerse perdonar de sus escarceos en el convento, Felipe IV hizo un par de regalos al monasterio.

El primero fueron las campanas de la torre. Eso sí, se dice que, para recordarle sus pecaminosas intenciones con la novicia, las campanas tocaron a muertos hasta que sor Margarita murió de verdad.

El otro regalo fue el encargo de un cuadro a Velázquez para la capilla del Santo Sepulcro de la iglesia de San Plácido. Ese cuadro es el Cristo Crucificado de Velázquez. Hoy, después de unas cuantas vicisitudes e intentos de venta, está en el Museo Nacional del Prado. Hay muy poca luz y con el cristal de la reja es muy difícil de ver, pero encontrarás una copia del cuadro en la capilla trasera de la iglesia.

La iglesia de San Plácido y su cúpula encamonada

Después del primer proceso inquisitorial, entre 1655 y 1658, se construyó la iglesia del monasterio de San Plácido según planos de fray Lorenzo de San Nicolás.

Monasterio de San Placido Madrid Cupula EncamonadaMonasterio de San Placido Madrid Cupula Encamonada
La cúpula encamonada del monasterio de San Plácido

Su cúpula encamonada es de las pocas que quedan en Madrid. Lo de “encamonada” es por los camones: armazones de madera que se cubrían con yeso para dar forma a la cúpula. Fray Lorenzo de San Nicolás era un teórico de este tipo de cúpulas, les dedicó un capítulo en su libro Arte y uso de la arquitectura.

Más allá de su arquitectura, que no se ve si no te lo cuentan, la cúpula está decorada con frescos de Francisco Rizzi que la dividen en ocho zonas que muestran las veneras de órdenes militares italianas, portuguesas y españolas que siguen la orden de San Benito.

Santa Hildegarda y los Óscars

En las pechinas de la cúpula están pintadas al fresco cuatro monjas de la orden benedictina, también de Francisco Rizzi. Son las santas Juliana, Hildegarda, Isabel abadesa y Francisca Romana.

Monasterio de San Placido Madrid Santa Hildegarda Francisco RizziMonasterio de San Placido Madrid Santa Hildegarda Francisco Rizzi
Santa Hildegarda

Santa Hildegarda era médica, bióloga y poetisa. Se la considera una de las primeras compositoras conocidas, su obra musical Ordo Virtutum es el drama litúrgico más antiguo que se conserva. Pero aquí viene el giro: su obra Columba aspexit apareció en la película Una mente maravillosa (2001) que fue nominada al Óscar a mejor banda sonora. Vale, que la banda sonora la compuso James Horner y no tenía nada ver con Santa Hildegarda, pero ahí estaba su música.

Los retablos del Nuevo Mundo

El retablo del altar mayor, los dos retablos laterales –dedicados a Santa Gertrudis uno y a San Benito y su hermana Santa Escolástica el otro– y el de la Capilla de la Inmaculada son obra de los hermanos Pedro y José de la Torre. De estilo barroco con influencia hispanoamericana en las flores de colores. Son los únicos que quedan en Madrid.

Monasterio de San Placido Madrid Retablo Altar Mayor DetalleMonasterio de San Placido Madrid Retablo Altar Mayor Detalle
Detalle del retablo del altar mayor

Las 23 obras de Claudio Coello

Ni una, ni dos, ni tres…. nada menos que ¡23 obras de Claudio Coello! se conservan en el interior del monasterio de San Plácido. Y se conservan ahí desde el primer momento, porque fueron pintadas para el lugar en el que están, sus retablos.

Monasterio de San Placido Madrid Anunciacion Adoracion Claudio CoelloMonasterio de San Placido Madrid Anunciacion Adoracion Claudio Coello
¿Anunciación o Adoración? de Claudio Coello

24 años tenía el pintor cuando su maestro, Francisco Rizzi, le propuso pintar la Anunciación o Adoración del retablo mayor de San Plácido. Un cuatro de 7 metros cuadrados basado, en teoría, en un esbozo de Rubens. Y lo clavó. El lienzo es precioso y los colores son de lo más llamativos, como buen ejemplo del barroco madrileño que se caracteriza por pinceladas rápidas, escenarios teatrales y colores vivos.

¿Sabías que…?


Si la diferencia entre monasterio y convento es sutil, la que hay entre Anunciación y Adoración es todavía más fina. La Anunciación presenta el momento en que la Virgen es preguntada por el arcángel San Gabriel sobre si quiere ser la madre de Dios. En la Adoración se muestra el momento en que la Virgen ha aceptado y el arcángel aparece con la cabeza inclinada como señal de respeto. Ya ves, un par de segundos de diferencia a la hora de hacer la “foto”.

Claudio Coello, Luca Giordano y una depresión

Claudio Coello fue el último superviviente de los pintores del barroco madrileño y, como tal, llegó a alcanzar el grado de pintor de cámara durante ocho años. Había triunfado al alcanzar el mayor honor que un pintor podía tener en el siglo XVII.

Todo cambió con la llegada del italiano Luca Giordano en 1692 para pintar la escalera del monasterio de El Escorial. Se ganó el favor de Carlos II y le quitó el puesto a Claudio Coello, que cayó en una profunda depresión y murió en 1693.

El Cristo Yacente de Gregorio Fernández en la capilla de la Inmaculada

Espera que todavía queda más. Justo frente a la entrada está la capilla de la Inmaculada y es posible que no te des ni cuenta de que se puede entrar porque gires hacia el altar mayor nada más atravesar la puerta de la iglesia de San Plácido.

Monasterio de San Placido Madrid Cristo YacenteMonasterio de San Placido Madrid Cristo Yacente
El Cristo Yacente de Gregorio Fernández o Hernández

Ahí está la talla del Cristo Yacente de Gregorio Fernández, o Hernández. Una escultura castellana muy realista –los detalles son increíbles–. La urna que la protege también es obra de Gregorio Fernández y se sabe porque en los libros de cuentas de la iglesia aparece un pago al artista por la talla y otro por la urna.

Las tropas napoleónicas y su comportamiento urraca

Más allá de las pinturas, los frescos y las tallas de madera, poco ha llegado a nuestros días de la decoración de la iglesia de San Plácido. ¿La culpa? Las tropas napoleónicas que se enamoraban de todo lo que brillara. Olvídate de encontrar oro y plata, todo se robó a principios del siglo XIX. Lo que dejaron, entre lo se que podían llevar, fueron los textiles: toda la ropa eclesiástica se dejó sin tocar.

Los herrajes más bonitos que has visto

Aunque eran de metal, no brillaban, así que los herrajes de las puertas no sufrieron la avaricia de las tropas francesas. Ahí siguen, desde 1661. Son obra de Jusepe Picó Fernández, de la escuela madrileña de cinceladores y cerrajeros fundada por Felipe IV.

Monasterio de San Placido Madrid HerrajesMonasterio de San Placido Madrid Herrajes
Herrajes de la puerta de la iglesia de San Plácido

La demolición del convento…

El convento de San Plácido se mantuvo en pie hasta 1908. Ese año el ayuntamiento de Madrid determinó que debía ser derribado. La cosa se les fue de las manos y, además del convento, también se derribó la capilla del Santo Sepulcro sin una explicación clara. Allí desaparecieron frescos de Francisco Rizzi y de Claudio Coello y los coros bajo y alto.

¿Qué hicieron en el solar? Pues un cine de estilo modernista, el Coliseo Ena Victoria. Un par de años después de su construcción, fue arrasado por un incendio.

… y la reconstrucción del convento, sin monjas

¿Qué hicieron después de la destrucción del cine? Pues volver a levantar el convento. Así de loco… En 1913 comenzaron las obras del convento y de la capilla trasera de la iglesia, donde está la copia del Cristo de Velázquez.

Monasterio de San Placido Madrid Reja ClausuraMonasterio de San Placido Madrid Reja Clausura
Reja de clausura entre la iglesia y el monasterio

Todavía hay otra curiosidad: en la esquina de la calle del Pez sobrevivieron un par de locales comerciales que se integraron en el convento ya en el siglo XXI. Sí, el monasterio de San Plácido tiene partes del siglo XVII, del siglo XX y del siglo XXI.

Ojo que ya no hay monjas en el convento. Solo quedan dos hermanas de la orden y viven fuera.

Precios y horarios de visita a la iglesia de San Plácido de Madrid

Ya hemos dicho que el monasterio de San Plácido está en el barrio de Malasaña de Madrid. Concretamente entre las calles de San Roque y de la Madera a los lados y la del Pez al norte. La entrada es por el número 9 de la calle de San Roque.

La iglesia de San Plácido, lo único que se visita, abre de martes a sábado de 10:30 a 14:00 y de 15:00 a 17:30 y los domingos de 13:00 a 16:00. Ten en cuenta que el último acceso es 30 minutos antes del cierre.

Monasterio de San Placido Madrid Ojo PezMonasterio de San Placido Madrid Ojo Pez
La iglesia de San Plácido con objetivo ojo de pez

Hay una entrada combinada a San Plácido y a San Antonio de los Alemanes por 12 € con audioguía. También con audioguía, hay otra entrada que, además, incluye el monasterio de las Comendadoras de Santiago por 19,50 €. Puedes comprarlas en la web o directamente en la entrada de la iglesia.

Las visitas guiadas a la iglesia de San Plácido, para grupos de un mínimo de 10 personas, son de martes a sábado a las 12 h y cuestan 10 €. Tienes que ponerte en contacto con ellos por correo electrónico.

La Hermandad del Refugio y su labor social

Como dijimos al principio, además de alucinar con los frescos, los lienzos, los retablos, las tallas y los escándalos de San Plácido, tu visita también tendrá un fin solidario. El dinero de las entradas a San Plácido y a San Antonio de los Alemanes –tanto de las generales como de las visitas guiadas– se utiliza íntegramente en el comedor social de la Hermandad del Refugio que, cada día, da de comer a entre 300 y 400 personas.

Y es una labor con más de ¡cuatro siglos de historia! La comenzaron allá por 1615 los hermanos de la que, en aquel entonces, era San Antonio de los Portugueses, con sus rondas de pan y huevos.

En pleno centro de Madrid hay una iglesia con una historia de lo más intensa y curiosa y con unas cuantas obras de arte del barroco madrileño en su interior que casi nadie conoce. Pásate por el monasterio de San Plácido y alucina.

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