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El impacto de la guerra de Irán y la crisis de Ormuz en la agricultura

La guerra entre Irán e Israel y el bloqueo del estrecho de Ormuz están teniendo consecuencias más allá de Oriente Medio en todos los sectores, incluido el agrícola.

impacto de la guerra de Irán y lacrisis de Ormuz
123RF Limited©semiphoto. Planta de biogás

Si hablamos de agricultura convencional, el principal problema es el encarecimiento de los fertilizantes derivados del petróleo y el gas. En el caso de la agricultura ecológica, más resiliente frente a este tipo de crisis, la presión llega por la competencia por los recursos orgánicos y la proyección de nuevas macroplantas de biogás. Mientras tanto, el coste del transporte afecta por igual a todo el sector.

Fertilizantes y agricultura convencional

La agricultura convencional depende en gran medida de los insumos externos ligados a la energía fósil. Los fertilizantes químicos más utilizados se fabrican a partir de gas y petróleo, por lo que la crisis en Oriente Medio y la tensión del estrecho de Ormuz están provocando subidas en el precio. Algunos expertos hablan de incrementos de hasta un 50% en determinados fertilizantes nitrogenados.

En España, el impacto más fuerte todavía puede tardar unos meses en notarse, puesto que los fertilizantes se usan en invierno. En el hemisferio sur ya se están empleando, por lo que allí los efectos económicos son inmediatos. Por ahora, el sector agrícola español dispone de un margen aproximado de medio año.

Agricultura ecológica: resiliente, pero no inmune

La agricultura ecológica es menos vulnerable a la crisis energética, porque no depende de los fertilizantes químicos industriales. La fertilización en producción ecológica se basa sobre todo en compost, elaborado a partir de estiércol y otras materias orgánicas mediante un proceso natural de compostaje.

A pesar de ello, también empiezan a aparecer tensiones. El principal problema es el encarecimiento del estiércol, algo básico para elaborar el compost. El precio del fiemo, que rondaba los 30 o 40 euros por tonelada, prácticamente se ha duplicado.

Detrás de esta subida está el aumento general de costes derivado del contexto geopolítico: al subir los precios de los fertilizantes químicos, esto empuja a los agricultores convencionales a utilizar más estiércol para paliar el aumento de costes, lo que al aumentar la demanda de estiércol hace que este se encarezca.

Más allá de la coyuntura actual, la situación de mercado que generan los proyectos de plantas de biogás, con un estiércol comprometido a futuro, implica una subida de precios también a medio y largo plazo.

La burbuja del biogás

En Cataluña, según anunció la Generalitat en 2025, prevén impulsarse unas 50 plantas de biogás en los próximos cinco años, y aproximadamente la mitad se concentrarían en las comarcas de Lleida y parte de Tarragona. Estas plantas necesitan estiércol de vaca, oveja o gallina para mezclarlo con los purines y producir biogás, porque solo con purín no se puede hacer biogás.

Aunque las plantas ni siquiera se han construido, el mero hecho de que puedan entrar en funcionamiento en los próximos años altera el mercado y encarece este recurso básico para la agricultura ecológica.

La burbuja del biogás plantea, además, un debate sobre qué modelo energético y agrario se quiere impulsar. El problema, según algunos agricultores y expertos, no es el biogás en sí, sino la falta de planificación y la dimensión industrial en los proyectos.

123RF Limited©ariftkj

En este sentido, los modelos pequeños y vinculados al territorio pueden ser útiles para gestionar residuos ganaderos de forma local. Francia es un ejemplo de modelo planificado, con apoyo público y proyectos adaptados a las necesidades de cada zona.

En Cataluña, en cambio, los proyectos de grandes plantas promovidas por multinacionales implican captación de purines y estiércol en radios de hasta 50 kilómetros para ser rentables, lo que implica mayor tráfico de camiones, más olores, impacto vecinal y presión sobre recursos básicos para la agricultura ecológica.

Desde el inicio de la guerra entre Irán e Israel, el precio del gasóleo agrícola ha subido entre un 28% y un 50%, según organizaciones agrarias y datos oficiales.

La subida del gasóleo afecta a todos

Desde el inicio de la guerra entre Irán e Israel, el precio del gasóleo agrícola ha subido entre un 28% y un 50%, según organizaciones agrarias y datos oficiales. En apenas unas semanas, el combustible utilizado por tractores y maquinaria agrícola para trabajar el campo pasó de rondar los 0,96 euros por litro a superar, en algunos casos, los 1,40 euros por litro.

Aunque existen algunas alternativas, como los tractores eléctricos, estos todavía se encuentran en fase de expansión y no son mayoritarios en el sector. Los tractores eléctricos funcionan bien en trabajos ligeros o que tienen una duración limitada, pero tienen dificultades para jornadas largas o laborales muy intensivas.

Esto significa que sigue existiendo una fuerte dependencia del gasóleo. Esta misma situación se da igual en el caso de la agricultura convencional que, aunque puede reducir algunas pasadas en algunos cultivos, es dependiente igualmente del combustible para la maquinaria y el transporte.

En agricultura ecológica, al no usar herbicidas químicos para controlar las malas hierbas, se realiza un mayor uso del tractor en determinados cultivos.

Transporte y comercio internacional

La guerra entre Irán e Israel ha encarecido la gestión del transporte a nivel internacional, y este efecto se nota igualmente a nivel local. El coste de todo aquello que depende de la logística y el movimiento de mercancías terrestres ha aumentado su precio, y esto repercute tanto en la agricultura ecológica como en la agricultura convencional: aumenta el transporte de cualquier material necesario para la explotación, desde tuberías hasta recambios o maquinaria.

El transporte marítimo también se ha visto afectado. Los buques se ven obligados a buscar rutas alternativas más largas y aumentan los costes logísticos. Esto se refleja, por ejemplo, en las exportaciones de alfalfa deshidratada producida en Lleida y el Valle del Ebro.

Una parte importante de su producción se exporta a países del Golfo Pérsico, como Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, donde se emplea como forraje para ganadería y caballos de carreras. El conflicto ha provocado interrupciones en las rutas marítimas, reteniendo barcos y retrasando su entrada en los puertos.

Al cierre de la edición parece inminente la firma de un acuerdo que puede ayudar a normalizar el mercado.

Autora: Montse Mulé, Editora.

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