En este artículo vamos a contaros que ver en Nueva Aquitania, la región más extensa de Francia, situada al suroeste del país. Se extiende desde la costa del océano Atlántico hasta los Pirineos, haciendo frontera con España, y reúne territorios tan diferentes como el País Vasco francés, los inmensos bosques de Las Landas, los prestigiosos viñedos de Burdeos o los valles del Périgord, famosos por sus castillos y pueblos medievales.
Gracias a esta enorme diversidad, es un destino perfecto tanto para quienes buscan recorrer ciudades con un gran patrimonio histórico como para los amantes de la naturaleza, las playas, el senderismo o el enoturismo. Además, la región es conocida por su excelente gastronomía.
Os hemos preparado una guía muy completa con los lugares principales que ver en Aquitania para que podáis organizar una ruta muy completa y disfrutar al máximo vuestro viaje.
➡️ Os recomendamos nuestra guía de los mejores lugares que ver en Occitania. Y si queréis hacer una ruta más larga, no os podéis perder nuestro artículo de los imprescindibles que ver en el sur de Francia.
➡️ Podéis ver toda nuestra visita a Aquitania en nuestras historias destacadas de Instagram.
Los mejores lugares que ver en Aquitania
La región de Nueva Aquitania está formada por 12 departamentos: Charente, Charente Marítimo, Corrèze, Creuse, Dordoña, Gironda, Landas, Lot y Garona, Pirineos Atlánticos, Deux-Sèvres, Vienne y Alto Vienne.
Aunque abarca una zona muy amplia y diversa, la mayoría de las rutas se centran en los departamentos de Pirineos atlánticos, Dordoña y Gironda, que albergan las ciudades más bonitas, las mejores playas, los pueblos más pintorescos e impresionantes paisajes de montaña.
En este listado de los lugares imprescindibles que ver en Aquitania hemos incluido un poco de todo para que podáis elaborar una ruta con lo que más se adapte a vuestros gustos.

1. Burdeos, la capital de Nueva Aquitania
Comenzamos esta lista de lugares que ver en Nueva Aquitania por su capital, Burdeos, que está ubicada en el departamento de Gironda, a orillas del río Garona.
Burdeos es una de las ciudades más bonitas y elegantes de Francia y está considerada la capital del vino. Además, cuenta con un impresionante patrimonio arquitectónico, que ha hecho que forme parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.
La mejor manera de descubrir Burdeos es comenzar el recorrido en la Plaza de la Bolsa (Place de la Bourse), el lugar más emblemático de la ciudad. Frente a ella se encuentra el famoso Espejo del Agua (Miroir d’Eau), una enorme superficie reflectante que crea una imagen de postal.

Podéis acceder al casco antiguo por la Puerta de Cailhau para pasear por la Plaza del Parlamento, la Plaza de la Comedia, presidida por el magnífico Gran Teatro de Burdeos, y recorrer la elegante y comercial Rue Sainte-Catherine hasta llegar a la Catedral de Saint-André, donde durante siglos se celebraron importantes acontecimientos de la monarquía francesa. Junto a ella se alza la Torre Pey-Berland, cuyo mirador ofrece una de las mejores panorámicas de la ciudad.
No os perdáis tampoco la Plaza de los Quinconces (Place des Quinconces), con su impresionante Monumento a los Girondinos.
Para terminar el recorrido, nada mejor que acercarse al moderno barrio de Chartrons, antiguo distrito de comerciantes de vino, hoy lleno de pequeñas boutiques, galerías de arte, cafeterías y restaurantes.
Si os apasiona el mundo del vino, podéis finalizar la visita en La Cité du Vin, un espectacular museo interactivo considerado uno de los mejores dedicados a la cultura vitivinícola del mundo.
Nos pareció una de las ciudades más elegantes de Francia y una visita imprescindible en cualquier ruta por Nueva Aquitania.
ℹ️ Encontraréis más información en nuestro artículo sobre los imprescindibles que ver en Burdeos.

2. Saint-Émilion
Saint-Émilion es uno de los pueblos medievales más bonitos que ver en Aquitania, ubicado en el departamento de Gironda, a tan solo 40 km de Burdeos.
Gracias a su extraordinario paisaje vitivinícola y a su legado histórico, ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Saint-Émilion es famoso por producir algunos de los mejores vinos de Burdeos, lo que lo convierte en un destino perfecto para combinar cultura, gastronomía y enoturismo.
Lo mejor que hacer en Saint-Émilion es perderse por sus estrechas calles adoquinadas para descubrir rincones que parecen detenidos en el tiempo.

Uno de los grandes protagonistas de la visita es la Iglesia Monolítica, considerada la iglesia medieval excavada en roca más grande de Europa. Tallada en un único bloque de piedra caliza durante el siglo XII para acoger a los peregrinos del Camino de Santiago, alcanza los 68 metros de altura hasta la punta de su campanario. Solo puede visitarse mediante una visita guiada, que también incluye la cueva de Saint-Émilion, la Capilla de la Trinidad y las antiguas catacumbas.
Tras la visita merece la pena pasear por la Rue du Tertre de la Tente y visitar el Claustro de la Colegiata. Pero si queréis disfrutar de las mejores vistas del pueblo y de los viñedos que lo rodean, tendréis que subir a la Torre del Rey.

Para terminar la visita, nada mejor que recorrer alguna de las numerosas vinotecas y bodegas donde es posible degustar los prestigiosos vinos con denominación de origen Saint-Émilion y Saint-Émilion Grand Cru, elaborados principalmente con variedades como Merlot, Cabernet Franc y Cabernet Sauvignon. Y antes de marcharos, no olvidéis probar los tradicionales macarons de Saint-Émilion, unas deliciosas galletas de almendra elaboradas desde hace siglos que se han convertido, junto al vino, en el producto gastronómico más representativo del pueblo.
ℹ️ Tenéis toda la información completa en nuestra guía sobre qué ver en Saint-Émilion.

3. Gran Duna de Pilat
Otro de los lugares que ver en Nueva Aquitania es la Gran Duna de Pilat. Situada a orillas del océano Atlántico, en el departamento de Gironda y a poco más de una hora de Burdeos, esta inmensa montaña de arena se ha convertido en uno de los espacios naturales más espectaculares de Francia.
Con una altura que supera los cien metros y una longitud cercana a los tres kilómetros, está considerada la duna de arena más alta de Europa y ofrece unas vistas difíciles de olvidar.
Lo más sorprendente de la Gran Duna de Pilat es que se trata de un paisaje completamente vivo. El viento modela constantemente su forma y hace que la duna avance lentamente hacia el interior, llegando a desplazarse varios metros cada año y cubriendo poco a poco el bosque de pinos que se extiende a sus espaldas.
La subida hasta la cima requiere un pequeño esfuerzo, aunque durante la temporada turística suele instalarse una escalera de madera que facilita bastante el ascenso. Una vez arriba, el esfuerzo queda completamente recompensado. Hacia un lado se extiende el inmenso océano Atlántico, con interminables playas de arena dorada y el espectacular Banc d’Arguin, un enorme banco de arena que cambia de forma con las mareas y que constituye una importante reserva natural para numerosas especies de aves. Mirando hacia el otro lado aparece el inmenso bosque de Las Landas, considerado uno de los pinares más grandes de Europa, creando un contraste único entre el verde intenso del bosque y el color dorado de la arena.
Los mejores momentos para visitarla son al amanecer y al atardecer, cuando la luz tiñe la arena de tonos dorados y el paisaje adquiere una belleza aún más especial.
✅ Un buen plan es hacer este tour a la Duna de Pilat con degustación de ostras.

4. Sarnat-la-Caneda
Sarlat-la-Canéda es una de las ciudades medievales más bonitas de Francia, situada en el departamento del Dordoña. Su casco histórico está excepcionalmente bien conservado y cuenta con una de las mayores concentraciones de monumentos históricos protegidos de Europa y todos ellos construidos con la piedra calcárea del Périgord, que le dan ese toque amarillo tan cálido.
Uno de los productos gastronómicos más típicos de Sarnat (y, en general, de los pueblos de la zona) es el paté de oca. De ahí la estatua de las tres ocas que encontraréis en la place du marché aux Oies, el lugar donde antiguamente se celebraba un mercado de ocas. La plaza está rodeada de edificios históricos como la maison des consuls y el manoir de Gisson.

Pero el centro neurálgico del pueblo es la Place de la Liberté, una plaza repleta de terracitas en la que se encuentra el ayuntamiento de Sarlat. Allí veréis también la antigua iglesia de Santa María, que actualmente alberga un mercado cubierto. Aunque no tengáis intención de comprar nada, no dejéis de entrar para subir en su ascensor que os llevará hasta lo alto de la antigua torre de la iglesia, desde donde tendréis unas bonitas vistas del pueblo.
Junto al mercado se encuentra la concatedral de Saint Sacerdo, un templo románico del siglo XII, y el palacio del obispo en el que actualmente se encuentra la oficina de turismo.

Por detrás de la Catedral veréis el pasaje des Enfeus, con numerosos nichos funerarios en las paredes en los que se enterraba a los nobles y eclesiásticos. Allí veréis también la lanterne des morts, una torre funeraria del siglo XII cuya función exacta sigue siendo un misterio.
Si tenéis más tiempo podéis acercaros al Chateú de Puymartin, un precioso palacio del siglo XIII situado a unos 10 km de Sarlat, cuyo interior se puede visitar.

5. Castillo de Puymartin
El castillo de Puymartin es uno de los castillos más elegantes y mejor conservados del Périgord Noir, situado a pocos kilómetros de Sarlat, en plena región de la Dordoña. Su origen se remonta al siglo XIII, aunque el edificio que podemos contemplar hoy es fruto de las reconstrucciones realizadas tras la Guerra de los Cien Años y de las restauraciones posteriores que le dieron su aspecto señorial actual. Rodeado de bosques y jardines, ofrece una visita diferente a la de otras fortalezas de la zona gracias a sus estancias perfectamente amuebladas y decoradas como en siglos pasados.
Durante el recorrido es posible visitar salones, dormitorios, una capilla, la sala de armas y numerosas habitaciones que conservan mobiliario original, tapices, pinturas y objetos históricos que permiten conocer cómo era la vida de la nobleza francesa.
El castillo también es famoso por albergar una de las leyendas más conocidas de Francia, la de la Dama Blanca, el supuesto fantasma de Thérèse de Saint-Clar. Según la tradición, fue encerrada durante años en una de las torres por orden de su marido tras descubrir una supuesta infidelidad y, desde entonces, su espíritu continúa recorriendo los pasillos del castillo.
💰 El precio de la entrada es de 11 €.

6. Beynac-et-Cazenac
Otro de los pueblos más bonitos del Périgord Noir es Beynac-et-Cazenac. En sus inicios, Beynac y Cazenac eran dos poblaciones diferentes, que se unieron a principios del siglo XIX formando el municipio actual.
Lo mejor que hacer en Beynac-et-Cazenac es pasear por sus calles empedradas e ir subiendo por ellas hasta llegar al castillo. Por el camino iréis encontrando preciosas casas de piedra con ventanas de madera de diferentes colores y una torre defensiva del siglo XVI, la Torre del Convento.

El castillo de Beynac se alza sobre un peñasco a 150 metros de altura y es una de las fortalezas medievales mejor conservadas del valle de la Dordoña, que fue conquistada nada más y nada menos que por el rey inglés Ricardo Corazón de León. Si os resulta familiar, es porque tal vez lo hayáis visto en el cine, pues se han rodado en él casi una veintena de películas, entre las que destaca Juana de Arco.
La visita al castillo es muy interesante, pues os permitirá entrar en la Sala de los Estados del Périgord, la sala de los guardias, la cocina… y, por supuesto, contemplar una bonita estampa del valle de la Dordoña. El precio de la entrada es de 12,50 €. Los horarios varían según la época del año, pero podéis consultarlos en su web.
Al bajar del castillo podéis hacer una parada en la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, un pequeño templo románico construido en el siglo XII y ampliado en los siglos posteriores.
Si os apetece, podéis dar un paseo en barco por el río, aunque si podéis elegir dónde hacerlo os recomendaríamos La Roque-Gageac, un pueblo del que os hablamos más abajo.

7. Jardines de Marqueyssac
Los Jardines de Marqueyssac son uno de los lugares más espectaculares de la Dordoña. Se encuentran en el pequeño pueblo de Vézac, sobre un acantilado a unos 130 metros de altura sobre el valle del río Dordoña.
Comenzaron a tomar forma en la segunda mitad del siglo XIX, cuando Julien de Cerval, propietario del castillo de Marqueyssac, diseñó el parque inspirado en los jardines románticos italianos. Tras varias décadas de abandono durante el siglo XX, los jardines fueron restaurados a partir de 1996 por su nuevo propietario.
Sus 22 hectáreas albergan más de 150.000 bojes centenarios podados a mano con formas redondeadas, además de tilos, pinos, olmos, ciclámenes y muchas más especies de plantas, entre las que pasean unos llamativos pavos reales. Se pueden recorrer a lo largo de tres senderos, que abarcan un total de 6 km y que os llevarán hasta el impresionante mirador sobre el valle de la Dordoña.
En las noches de verano (julio y agosto) se organizan veladas a la luz de las velas y más de 2.000 velas adornan los jardines, convirtiéndolos en un lugar mágico.
💰 El precio de la entrada es de 12,90 €.
⏰ Los horarios varían en función de la época del año. Podéis consultarlos en su web.
8. La Roque-Gageac
Situado a orillas del río Dordoña e incrustado en un impresionante acantilado de piedra caliza, La Roque-Gageac está considerado uno de los pueblos más bonitos de Francia, sin duda un lugar imprescindible que ver en Nueva Aquitania.
Visitarlo implica subir y bajar un buen puñado de escaleras, así que ponéos calzado cómodo y empezad a recorrerlo porque merece totalmente la pena. La visita comienza en la oficina de turismo, donde os indicarán dónde están las escaleras que suben al fuerte. Uno de los primeros puntos de interés que encontraréis será la Iglesia de Notre-Dame, construida en el siglo XIV en estilo románico tardío.
Mientras seguís ascendiendo iréis viendo casas de lo más pintorescas, hasta llegar al fuerte troglodita, construido en el siglo XII a 120 metros de altura. Su función era defensiva y es que desde allí se tienen unas vistas espectaculares del valle de la Dordoña.

Al bajar podéis pasear por la Promenade de la Batellerie, la calle principal del pueblo, repleta de tiendecitas y restaurantes perfectos para sentarse a tomar algo y reponer fuerzas después de la subida.
Al terminar la visita, no dudéis en tomar una de sus barcas tradicionales, llamadas gabarras, que os ofrecerá una perspectiva del pueblo totalmente diferente. El paseo por el río Dordoña dura aproximadamente una hora y, mientras vais disfrutando del paisaje, podréis conocer la historia y las tradiciones del pueblo. El precio es de 12,50 € y se puede reservar con antelación a través de su web.

9. Domme
Domme es una bastida medieval fundada en 1281 por el rey francés Felipe III de Francia sobre un espectacular promontorio rocoso que domina el valle del río Dordoña. Su ubicación estratégica permitía controlar la región y defenderla frente a las amenazas inglesas durante la Edad Media.
A lo largo de la Guerra de los Cien Años, la ciudad cambió varias veces de manos entre franceses e ingleses. Tras siglos de conflictos, Domme prosperó gracias al comercio de nueces, vino y trufas. Su posterior declive económico evitó grandes transformaciones urbanísticas, permitiendo que conserve hoy casi intacto su carácter medieval.

El acceso a Domme se realiza por la Porte des Tours, la puerta principal de su antigua muralla. El corazón del pueblo es la Plaza del Mercado, rodeada de edificios históricos como el ayuntamiento o la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, y algunas terrazas que invitan a detenerse. Bajo la plaza principal se esconde una sorprendente cueva con unos 450 metros de galerías llenas de estalactitas y estalagmitas.
Pero lo más impresionante llega al acercarse al borde del acantilado: un inmenso balcón natural desde el que se contempla el valle de la Dordoña, con castillos, bosques y pueblos medievales dispersos entre los meandros del río.

10. Castillo de Hautefort
El Castillo de Hautefort es uno de los castillos más espectaculares de la Dordoña y destaca por su elegante arquitectura clásica, muy diferente a las fortalezas medievales de la región. Aunque sus orígenes se remontan al siglo IX, fue transformado entre los siglos XVII y XVIII en un refinado palacio de estilo francés, rodeado por unos magníficos jardines que recuerdan a los del Valle del Loira.
A lo largo de su historia ha sobrevivido a numerosos acontecimientos. Durante la Revolución Francesa estuvo a punto de ser demolido, pero los vecinos del pueblo lo protegieron y evitaron su destrucción. Ya en el siglo XX fue cuidadosamente restaurado por sus propietarios, aunque un incendio en 1968 destruyó gran parte del interior. Gracias a una meticulosa reconstrucción, hoy luce prácticamente igual que antes del siniestro.
Uno de sus mayores atractivos son sus jardines, con elegantes parterres geométricos, setos perfectamente recortados y terrazas que ofrecen unas magníficas vistas del castillo.
En el interior pueden recorrerse salones, dormitorios, la biblioteca, la capilla y otras estancias decoradas con mobiliario de época y obras de arte. Por su belleza, su historia y su excelente estado de conservación, el Castillo de Hautefort es una de las visitas imprescindibles de cualquier ruta por el Périgord Noir.
💰 El precio de la entrada es de 8,50 €.

11. Brantôme
Brantôme es uno de los pueblos más bonitos de la Dordoña. Conocido como la Venecia del Périgord, está rodeado casi por completo por las aguas del río Dronne y conectado por varios puentes.
El origen del pueblo está ligado a la Abadía Benedictina de Brantôme, fundada en el siglo VIII y atribuida a Carlomagno. Junto a ella se alza uno de los campanarios románicos más antiguos de Francia, mientras que en la pared rocosa que la protege se esconden cuevas y antiguos espacios troglodíticos utilizados por los monjes.

La mejor forma de descubrir Brantôme es perderse caminando por sus estrechas calles empedradas. El recorrido suele comenzar junto al río Dronne, desde donde se obtienen las mejores vistas de la abadía reflejada en el agua. Cruzando alguno de sus pequeños puentes se llega al corazón del pueblo, donde aparecen antiguas casas de piedra decoradas con flores y acogedoras terrazas que invitan a hacer una pausa.

12. Périgueux
Otra de las ciudades que ver en Nueva Aquitania es Périgueux, capital del departamento de la Dordoña. Es una de las ciudades con mayor patrimonio histórico del suroeste de Francia. Su principal atractivo es que conserva dos ciudades en una: la antigua Vesunna, fundada por los romanos hace casi 2.000 años, y la ciudad medieval que creció alrededor de la abadía de Saint-Front.
La mejor forma de conocer Périgueux es comenzar el recorrido por su pasado romano, visitando el Museo Vesunna, la Torre Vésone y los restos del antiguo anfiteatro situados en el Parque de las Arenas.

Desde allí, basta con caminar unos minutos para adentrarse en el casco histórico medieval, un agradable laberinto de calles empedradas donde se suceden antiguas mansiones, plazas con mucho encanto y edificios históricos. El paseo conduce hasta la impresionante catedral de Saint-Front, el monumento más emblemático de la ciudad, cuyas cinco cúpulas recuerdan a la Basílica de San Marcos de Venecia.
Después, merece la pena perderse por plazas como Saint-Silain o Saint-Louis, descubrir la Torre Mataguerre, contemplar las elegantes fachadas de los palacios renacentistas y terminar junto al río Isle, cruzando el Pont des Barris y disfrutando de las vistas del antiguo muelle.
ℹ️ Encontraréis la información completa en nuestro artículo sobre qué ver en Périgueux.

13. Collonges-la-Rouge
Collonges-la-Rouge es uno de los pueblos más curiosos de Francia, apodado el pueblo rojo. Y es que todas sus casas están construidas con arenisca roja, que contrasta con los tejados de pizarra oscura. Además, es conocido como el pueblo de las 25 torres, pues durante la Edad Media muchos nobles construyeron allí sus palacetes con sus características torres.
La calle más bonita del pueblo es la Rue de la Barrière, en la que encontraréis también varias tiendecitas y restaurantes. Paseando por el pueblo veréis también la Iglesia de Saint-Pierre, construida en el siglo XI y fortificada en el siglo XVI. Esta iglesia combina elementos románicos y góticos y destaca por su espectacular campanario, uno de los más antiguos de la región. No os perdáis el tímpano esculpido de la entrada principal.
Justo enfrente está la Capilla de los Penitentes, que fue la sede de los Penitentes Negros. Se encuentra junto a la Cruz de la Pasión.

Muy cerca está la Casa de la Sirena, una preciosa casa medieval declarada monumento histórico, que tiene una pequeña sirena tallada junto a la puerta. En su interior alberga un pequeño museo dedicado a las tradiciones y la historia local.
Podéis terminar el recorrido en el Castillo de Vassinhac, uno de los edificios más representativos de Collonges-la-Rouge, con sus características torres de tejados cónicos de pizarra, que fue la residencia de una de las familias más influyentes de la zona.

14. Turenne
A unos 10 minutos en coche de Collonges-la-Rouge se encuentra Turenne, uno de los «Plus Beaux Villages de France», situado en lo alto de una colina.
Lo mejor que hacer en Turenne es recorrerlo sin prisas. Encontraréis mansiones de los siglos XV al XVII, casas de piedra con tejados de pizarra y plazas empedradas llenas de encanto como la Place de la Halle.
La iglesia principal del pueblo es la Colegiata de Nuestra Señora y San Pantaleón, con elementos del siglo XVII y un interesante retablo en madera dorada. Pero también podréis ver la Chapelle des Capucins, una pequeña capilla construida en 1643, que en los meses de verano suele albergar exposiciones y eventos culturales.
Las ruinas de su antigua fortaleza medieval dominan todo el pueblo. Podéis subir hasta la cima para disfrutar de unas bonitas vistas.

15. La Rochelle
La Rochelle es una de las ciudades más bonitas de la costa atlántica francesa y destaca por su elegante casco histórico, su animado puerto y su marcado carácter marinero. Durante siglos fue uno de los puertos comerciales más importantes de Francia y hoy conserva un ambiente muy agradable, con calles porticadas, plazas llenas de vida y numerosas terrazas donde disfrutar de la gastronomía local.
El paseo comienza en el Vieux Port, el corazón de la ciudad, presidido por las tres torres medievales que protegían la entrada al puerto y que se han convertido en el símbolo de La Rochelle. Desde allí merece la pena adentrarse en el casco antiguo para recorrer sus calles bajo soportales, descubrir pequeñas tiendas y cafeterías, visitar el magnífico Ayuntamiento renacentista y acercarse al mercado central, famoso por sus productos frescos y mariscos.
Para terminar la visita podéis pasear junto al mar o por el parque Charruyer, una de las zonas verdes más agradables de la ciudad. Al atardecer, el Vieux Port ofrece una de las estampas más bonitas de La Rochelle, con las torres medievales reflejándose en el agua.

16. Isla de Ré
Para terminar esta lista de lugares que ver en Nueva Aquitania, os proponemos acercaros hasta la Isla de Ré, uno de los destinos con más encanto de la costa atlántica francesa, que pertenece al departamento de Charente-Maritime.
Situada frente a La Rochelle y unida al continente por un puente de casi tres kilómetros, destaca por sus pueblos de casas blancas con contraventanas verdes, sus playas de arena, las salinas y un ambiente tranquilo que invita a recorrerla en bicicleta.
Entre sus principales atractivos se encuentran Saint-Martin-de-Ré, con su precioso puerto y las fortificaciones de Vauban, declaradas Patrimonio de la Humanidad; La Flotte, considerado uno de los pueblos más bonitos de Francia; Ars-en-Ré, famoso por su característico campanario blanco y negro; y el Phare des Baleines, desde donde se disfrutan unas magníficas vistas del océano Atlántico.
Además de sus paisajes, la Isla de Ré es conocida por su excelente gastronomía, especialmente por sus ostras, mejillones, sal y flor de sal artesanal.
17. Bayona
Al sur de Nueva Aquitania se encuentra la zona de Iparralde, o País Vasco francés, que pertenece al departamento de los Pirineos Atlánticos. La ciudad de Bayona está considerada la capital cultural y administrativa de la zona.
Se encuentra en la confluencia de los ríos Nive y Adur, que la dividen en dos barrios principales: Grand Bayonne y Petit Bayonne.
Grand Bayonne es la zona más antigua, donde se conservan algunos de sus principales monumentos, como la Catedral de Santa María, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, el Castillo Viejo, las antiguas murallas medievales y un precioso casco histórico con casas de entramado de madera y coloridas contraventanas junto al río Nive.
Al otro lado del río se encuentra Petit Bayonne, el barrio con más ambiente de la ciudad. Aquí podréis visitar el Castillo Nuevo, la Iglesia de San Andrés y el Museo Vasco, dedicado a la historia, la cultura y las tradiciones del País Vasco francés.

Cruzando el Pont Saint-Esprit llegaréis al barrio de Saint-Esprit, antiguo asentamiento de los judíos sefardíes expulsados de España y hoy convertido en una de las zonas más creativas de Bayona, con numerosos murales y arte urbano.
Por último, no podéis marcharos sin probar su famoso chocolate. Bayona fue la cuna del chocolate en Francia y en la Rue Port-Neuf se encuentra Cazenave, la chocolatería más antigua de la ciudad, fundada en 1854.
➡️ Encontraréis más información en nuestra guía sobre qué ver en Bayona.

18. Biarritz
Biarritz es una de las ciudades más elegantes y famosas de Iparralde. Lo que comenzó siendo un pequeño puerto ballenero se convirtió en el siglo XIX en el destino de veraneo de la aristocracia europea gracias a Napoleón III y la emperatriz Eugenia.
Hoy conserva el encanto de la Belle Époque, combinado con un ambiente marinero, excelentes playas para el surf y unas espectaculares vistas sobre el golfo de Vizcaya.
Durante la visita no os podéis perder el Rocher de la Vierge, el Rocher du Basta, la Iglesia de Santa Eugenia, el pintoresco Puerto de los Pescadores y la Grande Plage, con el emblemático Hôtel du Palais y el casino como telón de fondo.
Además, Biarritz destaca por su tradición pastelera. En el centro encontraréis históricas pastelerías donde probar el gâteau basque, los macarons y otros dulces típicos. La más conocida es Pâtisserie Miremont, mientras que Maison Adam es la creadora de la receta original de los macarons.
➡️ Tenéis toda la información detallada en nuestra guía sobre qué ver en Biarritz.

19. San Juan de Luz
San Juan de Luz es uno de los pueblos más bonitos que ver en Nueva Aquitania, perteneciente al País Vasco francés. Este antiguo puerto ballenero conserva un precioso casco histórico donde destacan las elegantes casas de los antiguos armadores, la Plaza Luis XIV y la Iglesia de San Juan Bautista, escenario de la boda entre Luis XIV y María Teresa de Austria.
Además, es un lugar perfecto para comprar productos típicos vascos y pasear por su famoso paseo marítimo, presidido por las tradicionales casas blancas con entramados rojos y sus características pasarelas sobre la playa.
➡️ Tenéis toda la información detallada en nuestra guía sobre qué ver en San Juan de Luz.

20. Espelette
Espelette es, para nosotros, el pueblo de interior más bonito del País Vasco francés. Su pequeño casco histórico destaca por las tradicionales casas blancas con entramados rojos o verdes decoradas con ristras de pimientos secándose al sol, el gran símbolo de la localidad.
El famoso Piment d’Espelette, con Denominación de Origen Protegida (DOP), protagoniza la gastronomía del pueblo. En sus numerosas tiendas podréis comprar todo tipo de productos elaborados con este ingrediente, además de quesos, foie, miel, sidra o el tradicional pastel vasco. Si queréis conocer su historia y proceso de elaboración, podéis visitar alguno de sus productores locales. Si viajáis a finales de octubre, no os perdáis la popular Fiesta del Pimiento.

21. Ainhoa
Ainhoa es uno de los pueblos más bonitos de Francia y una de las joyas que ver en Nueva Aquitania, situada en el interior del País Vasco francés. Fundado en el siglo XIII para dar servicio a los peregrinos del Camino de Santiago, destaca por su única calle principal, flanqueada por las típicas casas blancas con entramados rojos y verdes.
Entre sus principales atractivos se encuentran la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, el antiguo cementerio y el frontón de pelota vasca. Es una parada imprescindible por su cuidada arquitectura y el encanto de su ambiente rural.

22. Sare
Sare, incluido entre los pueblos más bonitos de Francia, es otra de las visitas imprescindibles de Iparralde. Su pequeño casco histórico conserva bonitas casas tradicionales, un frontón y la Iglesia de San Martín.
Rodeado por las montañas de La Rhune, es un excelente punto de partida para hacer senderismo y visitar las famosas Cuevas de Sare. También podéis conocer la vida rural tradicional en la casona-museo Ortillopitz o descubrir la historia del dulce más típico de la región en el Museo del Pastel Vasco.
✅ Si no disponéis de coche podéis reservar esta excursión a Espelette, Ainhoa y las cuevas de Zugarramurdi.

23. La Bastide-Clairence
La Bastide-Clairence es uno de los pueblos con más encanto del País Vasco francés y forma parte de la asociación Los Pueblos Más Bonitos de Francia. Fundado en 1312, conserva su trazado medieval, con una larga calle principal, una plaza porticada y preciosas casas tradicionales de fachadas blancas y entramados de madera.
No os perdáis la Place des Arceaux, repleta de pequeños talleres artesanales, ni la Iglesia de Notre-Dame, cuyo singular interior con galerías de madera recuerda a un teatro. Además, al ser menos turístico que otros pueblos de la zona, mantiene un ambiente muy auténtico.

24. San Juan Pie de Puerto
A los pies de los Pirineos, San Juan Pie de Puerto es uno de los pueblos más bonitos de Nueva Aquitania y el punto de partida tradicional del Camino Francés hacia Santiago de Compostela. Su casco histórico, rodeado por antiguas murallas, conserva un encanto medieval único.
Allí podréis ver la Puerta de Santiago, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, la pintoresca Rue de la Citadelle, repleta de casas de piedra y entramados de madera, y el puente medieval junto a la Iglesia de Notre-Dame, desde donde se obtiene una imagen de postal.
ℹ️ Encontraréis más información en nuestro artículo sobre qué ver en el País Vasco francés.

Mapa de los mejores lugares que ver en Nueva Aquitania
Aquí os dejamos un mapa con la ubicación de los lugares imprescindibles que ver en Nueva Aquitania que os hemos mencionado en este post para que podáis hacer vuestro itinerario.
Qué ver cerca de Nueva Aquitania
Aunque la región de Nueva Aquitania ya da para una buena ruta, si disponéis de más días o si estáis haciendo un viaje en coche desde España, podéis combinar vuestra ruta con la preciosa región de Occitania para descubrir algunos de los pueblos medievales más bonitos de Francia, como Rocamadour, o ciudades como Toulouse, Narbona o Carcassonne, e incluso pintorescos pueblos pesqueros como Colliure.

Donde alojarse en Nueva Aquitania
Para recorrer la región de Nueva Aquitania vais a necesitar hacer base en diferentes ciudades o pueblos, ya que las distancias entre una zona y otra son bastante grandes.
Nosotros la hemos recorrido en diversas ocasiones y elegimos 3 bases para alojarnos. Os dejamos aquí nuestros hoteles en Nueva Aquitania:

¿Cuánto tiempo se necesita para visitar la región de Nueva Aquitania?
La región de Nueva Aquitania es la más extensa de Francia, el tiempo necesario para recorrerla dependerá de los lugares que queráis visitar.
Si solo disponéis de unos días, 4 o 5 días son suficientes para conocer una zona concreta, como el Périgord (Périgueux y el valle del Dordoña), los alrededores de Burdeos o la costa del País Vasco francés, con Biarritz, Bayona, San Juan de Luz y Hendaya.
Para hacer una ruta más completa por los principales atractivos de la región, lo ideal es dedicar unos 10 días. Este tiempo permite recorrer ciudades como Burdeos, Périgueux, Sarlat-la-Canéda, descubrir algunos de los pueblos más bonitos del Dordoña, visitar la Gran Duna de Pilat y recorrer parte del País Vasco francés.
Si vuestra intención es conocer Nueva Aquitania con tranquilidad, incluyendo rutas por el valle del Dordoña, la costa atlántica, los viñedos, los Pirineos y pequeñas localidades con encanto, lo más recomendable es disponer de tres semanas, ya que la región es enorme y ofrece suficientes atractivos como para llenar un viaje de esa duración sin prisas.

Video: qué ver y hacer en Aquitania
🎥 Aquí os dejamos este vídeo de los lugares que visitamos en Nueva Aquitania para que conozcáis un poquito de esta zona y os animéis a visitarla.
Esperamos que nuestra guía de qué ver en Aquitania os resulte útil y que os animéis a viajar a esta preciosa región de Francia.
Si tenéis cualquier duda o sugerencia nos podéis escribir en los comentarios y seguirnos en RR.SS.
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