dependencia, debate político y futuro de las comarcas nucleares
La energía nuclear sigue siendo el pilar del sistema eléctrico catalán y condiciona, hoy por hoy, cualquier debate sobre el modelo energético de la comunidad. Los últimos balances de producción dejan claro que, pese al impulso político a las renovables y al calendario de cierre de las centrales, Cataluña continúa muy apoyada en sus tres reactores ubicados en la provincia de Tarragona.
Al mismo tiempo, las comarcas que albergan las centrales de Ascó y Vandellòs afrontan una transición económica compleja, en la que entran en juego los Fondos de Transición Nuclear, la atracción de nuevas inversiones industriales y la necesidad de mantener empleo de calidad en territorios muy dependientes de una sola actividad.
La contribución de la energía nuclear al sistema eléctrico catalán
Según datos provisionales de Red Eléctrica de España, las centrales nucleares de Ascó I, Ascó II y Vandellòs II produjeron en 2025 alrededor de 22,8 teravatios hora (TWh), es decir, 22.800 GWh de electricidad neta. Esta cifra supone aproximadamente el 58,8% de toda la electricidad generada en Cataluña, consolidando a la comunidad como el territorio más nuclearizado de la península.
Este volumen de generación nuclear no solo es clave a nivel autonómico. De acuerdo con los mismos datos, la producción de estas tres instalaciones representó cerca del 8,6% de la energía eléctrica generada por todo el sistema peninsular. En otras palabras, una parte apreciable de la luz que se consume en España sigue dependiendo de lo que ocurre en las centrales tarraconenses.
Si se traduce este aporte en términos de consumo doméstico, la electricidad producida en Ascó y Vandellòs podría abastecer alrededor del 11% de los más de 19,7 millones de hogares españoles. Es una forma muy gráfica de entender el peso real de estas plantas dentro del mix energético de España y, en particular, de Cataluña.
Además, los datos de años anteriores apuntan a una dependencia estructural y sostenida en el tiempo. En 2024, el porcentaje de electricidad procedente de las centrales nucleares catalanas ya superaba el 59% del total producido en la comunidad, con factores de capacidad cercanos al 90%, una señal de funcionamiento prácticamente continuo.

Producción de Ascó y Vandellòs: altos factores de carga y energía estable
La operación de las centrales de Ascó y Vandellòs en 2025 se caracterizó por una elevada fiabilidad, aportando energía síncrona al sistema eléctrico, un elemento clave para mantener la estabilidad de la red y garantizar el suministro en todo momento.
En el desglose por instalaciones, Ascó I encabeza la estadística con una generación neta de unos 7.991,3 GWh y un factor de carga superior al 92%. Este indicador mide la relación entre la energía realmente producida y la que podría producirse si la planta funcionase a plena potencia todo el tiempo, de modo que un valor por encima del 90% refleja un aprovechamiento muy alto.
Por su parte, Ascó II alcanzó una producción en torno a los 7.280,6 GWh, con factores de carga también muy elevados, situados en la franja del 84%-92% según las distintas fuentes sectoriales. La central de Vandellòs II se situó en niveles similares de producción, con aproximadamente 7.392 GWh y un factor de carga en torno al 81%, ligeramente inferior pero igualmente representativo de una operación continuada.
Todos estos datos apuntan a que las tres centrales funcionaron prácticamente todo el año, interrumpiendo su actividad solo en los momentos necesarios para recargas de combustible, labores de mantenimiento y revisiones de seguridad. Esta estabilidad resulta especialmente valiosa en un sistema donde la generación renovable, aunque creciente, sigue siendo intermitente y muy condicionada por la meteorología.
Desde la Asociación Nuclear Ascó-Vandellòs II (ANAV) se subraya que, gracias a esa explotación continua, las plantas aportan de forma constante energía libre de emisiones directas de CO₂ y de manera predecible, reforzando la seguridad de suministro para la industria, el comercio y los hogares, tanto en Cataluña como en el conjunto del sistema peninsular.
Impacto ambiental: reducción de emisiones y lucha contra el CO₂
Uno de los argumentos que más se repite en defensa del mantenimiento de las centrales nucleares es su contribución a la reducción de gases de efecto invernadero. De acuerdo con las cifras hechas públicas por ANAV, la producción conjunta de Ascó I, Ascó II y Vandellòs II durante 2025 habría permitido evitar la emisión de unos 8,4 millones de toneladas equivalentes de CO₂.
El cálculo se basa en comparar la electricidad generada por las nucleares con la que se habría tenido que producir mediante centrales térmicas alimentadas por combustibles fósiles, principalmente gas natural y, en menor medida, carbón. En un contexto europeo marcado por los objetivos de descarbonización y por los compromisos climáticos, esta magnitud no es menor.
Los responsables de las instalaciones insisten en que la energía nuclear, al no emitir CO₂ en la fase de generación eléctrica, ayuda a avanzar en las metas de neutralidad climática, siempre que se mantengan elevados estándares de seguridad y una correcta gestión de los residuos radiactivos. En este sentido, recalcan que su aporte se complementa con el desarrollo de las energías renovables, especialmente en sistemas como el español, que todavía dependen en buena medida de combustibles fósiles para cubrir picos de demanda y periodos de baja producción renovable.
Con todo, el debate social permanece abierto, ya que las discusiones sobre residuos, seguridad a largo plazo y aceptación social siguen pesando mucho en la percepción ciudadana y en las decisiones políticas, sobre todo en un momento en que la transición energética se acelera en toda Europa.
Inversiones y seguridad: operación a largo plazo
Para mantener en marcha las centrales nucleares de forma segura, ANAV desarrolla cada año un amplio programa de inversiones en equipos, sistemas y componentes críticos. Las cifras que maneja el sector apuntan a un desembolso cercano a los 100 millones de euros anuales destinado a modernizar las instalaciones y a reforzar sus capacidades técnicas.
Estas inversiones abarcan desde la renovación de sistemas de control y protección hasta la actualización de infraestructuras auxiliares, pasando por la mejora de las medidas de seguridad física y cibernética. También incluyen proyectos para adaptarse a los requisitos regulatorios europeos y españoles, cada vez más exigentes en cuestiones de seguridad nuclear y protección radiológica.
Otro de los ejes de este esfuerzo económico es la renovación generacional del personal que trabaja en las centrales. En un contexto en el que muchos profesionales con décadas de experiencia se acercan a la jubilación, la industria busca incorporar perfiles jóvenes y altamente cualificados, con competencias en ingeniería, física, mantenimiento avanzado y nuevas tecnologías de operación.
El objetivo declarado de estas actuaciones es garantizar que Ascó I, Ascó II y Vandellòs II puedan operar en las mejores condiciones de seguridad y fiabilidad mientras permanezcan conectadas a la red. Sin embargo, las decisiones sobre cuánto tiempo seguirán abiertas ya no dependen solo de criterios técnicos o económicos, sino también de la política energética general y de las posiciones de los distintos gobiernos.
Objetivos renovables y realidad del sistema eléctrico catalán
El fuerte peso de la energía nuclear en Cataluña contrasta con el todavía limitado desarrollo de las energías renovables en la comunidad. Distintas fuentes del sector sitúan en torno al 20% la cuota de electricidad de origen renovable en la generación catalana, una proporción sensiblemente inferior a la media española.
El Govern de la Generalitat ha fijado como meta alcanzar aproximadamente el 50% de generación eléctrica renovable en 2030, una hoja de ruta ambiciosa que exige un despliegue mucho más rápido de parques eólicos, plantas solares y sistemas de almacenamiento. Sin embargo, este avance se ve frenado por una combinación de factores: tramitaciones administrativas complejas, conflictos urbanísticos, recursos judiciales y oposición local en algunos proyectos.
Como consecuencia, Cataluña se ve obligada a importar una parte significativa de la electricidad que consume, apoyándose en la red peninsular para cubrir su demanda en momentos de poca producción propia renovable o de indisponibilidad de algunas centrales. Esta dependencia externa introduce interrogantes sobre la seguridad de suministro a medio plazo si, al mismo tiempo, se reduce la potencia nuclear disponible sin un recambio suficiente.
En este escenario, especialistas en energía advierten de la distancia entre los objetivos declarados y la realidad actual del sistema. Sustituir en apenas una década más de la mitad de la generación eléctrica estable, procedente de las nucleares, supondría un esfuerzo mayúsculo en nuevas instalaciones renovables, infraestructuras de red y soluciones de almacenamiento de gran escala.
Debate político: cierre escalonado y riesgos de dependencia
El debate en torno al futuro de la energía nuclear en España y, en particular, en Cataluña, se ha intensificado en los últimos años. En el Congreso de los Diputados fracasó en noviembre una votación que pretendía prorrogar la vida útil de las centrales, manteniendo por ahora el calendario de cierre escalonado acordado entre el Gobierno central y las eléctricas.
Paralelamente, el Parlament de Catalunya aprobó un decreto para acelerar el despliegue de energías renovables y regular de forma específica la instalación de sistemas de baterías y almacenamiento energético, con el objetivo de facilitar la integración de más generación verde en la red eléctrica catalana.
En este contexto, varias voces expertas señalan que la cuestión central no es si habrá transición energética, un objetivo compartido por las distintas administraciones, sino qué ritmo puede asumir Cataluña sin poner en riesgo la seguridad de suministro ni disparar los costes. El divulgador sobre energía nuclear Alfredo García, conocido como «Operador Nuclear» y supervisor en la central de Ascó, advertía que prescindir de las nucleares sin un plan alternativo sólido podría convertirse en «un error histórico».
De acuerdo con su análisis, el cierre anticipado de las centrales obligaría a recurrir masivamente al gas natural o a incrementar las importaciones de electricidad, lo que podría traducirse en un aumento de los precios energéticos y de las emisiones de CO₂. Además, subraya que sería necesario multiplicar varias veces la capacidad renovable instalada en Cataluña, reforzar la red de transporte y distribución y desplegar soluciones de almacenamiento de gran escala para sustituir la potencia firme que aportan hoy los reactores nucleares.
Desde el sector nuclear se insiste en que el calendario de clausura obedece, en buena medida, a decisiones políticas más que a limitaciones técnicas, y se defiende que las centrales actuales son seguras, eficientes y con costes de generación competitivos. En el lado contrario, organizaciones ecologistas y parte de la opinión pública reclaman mantener el plan de apagón nuclear, argumentando la necesidad de avanzar hacia un modelo 100% renovable y de resolver de forma definitiva la cuestión de los residuos radiactivos.
Fondos de Transición Nuclear y futuro de las comarcas nucleares
Más allá de la dimensión energética, la energía nuclear en Cataluña tiene un fuerte impacto en el tejido económico y social de las comarcas de Ascó y Vandellòs. Durante aproximadamente medio siglo, estas zonas han convivido con lo que muchos definen como un auténtico monocultivo industrial, basado en la actividad de las centrales.
Este modelo ha generado riqueza, empleo estable y salarios por encima de la media comarcal, pero también ha dificultado el desarrollo de otras actividades, como el sector agroalimentario o el turismo, en parte por la estigmatización asociada a la energía nuclear. Buena parte de la mano de obra local se ha orientado a las plantas, reduciendo el margen para diversificar la economía.
Para hacer frente a este reto, se han puesto en marcha los Fondos de Transición Nuclear, destinados a impulsar proyectos empresariales en las áreas afectadas por el eventual cierre de las centrales. En la convocatoria de 2025, estos fondos supusieron una inyección de 52,5 millones de euros destinada a empresas de distintas dimensiones y sectores ubicadas en los entornos de Ascó y Vandellòs i l’Hospitalet de l’Infant.
Las autoridades locales insisten en que no se trata de dinero repartido sin control: los proyectos se someten a una evaluación técnica exhaustiva, con el objetivo de asegurar que las ayudas contribuyan realmente a construir un nuevo modelo económico. Además, se recuerda que estos recursos no proceden directamente de los presupuestos generales, sino de un impuesto específico que grava la actividad nuclear.
Incluso así, representantes municipales y agentes del territorio reconocen que sustituir una industria que supone más de 3.000 empleos directos e indirectos no es una tarea sencilla. Los proyectos que se están impulsando son, en muchos casos, iniciativas de emprendimiento o pymes con buenas perspectivas, pero falta todavía la llegada de grandes inversiones industriales capaces de generar un volumen de empleo comparable al del sector nuclear.
Reindustrialización y grandes inversiones: el papel de los gobiernos
Los ayuntamientos de las zonas nucleares llevan tiempo actuando casi como agentes comerciales de su propio territorio, tratando de atraer empresas que aprovechen activos como el suelo industrial disponible, el acceso al agua, la infraestructura energética existente y la mano de obra cualificada que han formado las centrales a lo largo de décadas.
Pese a algunos éxitos, las administraciones locales admiten que no pueden competir solas en la «liga» de las grandes inversiones globales. Por ello reclaman un mayor compromiso tanto de la Generalitat de Catalunya como del Gobierno del Estado, a los que consideran actores clave para situar estos territorios en el mapa de la reindustrialización.
Como ejemplo, se cita con frecuencia la inversión de la compañía surcoreana Lotte Energy Materials en Mont-roig del Camp, que alcanza los 1.200 millones de euros y prevé la creación de unos 600 puestos de trabajo. Este tipo de proyectos, impulsados con una fuerte implicación institucional, se ven como referencia de lo que podría aspirarse a conseguir en las comarcas nucleares.
También se ha puesto sobre la mesa la candidatura de Móra la Nova para acoger una gigafactoría impulsada por la Unión Europea, una propuesta que ha generado expectativas pero que sigue rodeada de incertidumbres, tanto por los plazos como por la posibilidad real de adjudicación. Además, incluso si llegase a materializarse, se advierte de que podría atraer perfiles profesionales muy especializados que no necesariamente se quedarían a vivir en la comarca, limitando así su impacto directo en el tejido local.
En paralelo, la Generalitat ha anunciado un plan para incrementar la inversión empresarial en Cataluña con cifras ambiciosas: alrededor de 6.000 millones de euros y unos 45.000 puestos de trabajo. Si bien se espera que una parte importante de estas inversiones se concentre en polos como Barcelona o las áreas industriales de Tarragona, Girona, Lleida o la Cataluña Central, los municipios del entorno de Ascó y Vandellòs reivindican que sus territorios también cuentan con condiciones idóneas para nuevas actividades y que apostarlos en esa dirección contribuiría al reequilibrio territorial.
El conjunto de estos elementos dibuja un escenario complejo en el que Cataluña combina una fuerte dependencia de la energía nuclear, un desarrollo renovable aún insuficiente y un proceso de transición económica delicado en sus comarcas nucleares. Las decisiones que se adopten en los próximos años sobre el calendario de cierre de las centrales, el ritmo de despliegue renovable y la llegada de nuevas inversiones industriales serán determinantes tanto para la seguridad de suministro y los precios de la energía como para el futuro social y económico de Ascó, Vandellòs y el resto del territorio catalán.





